Alumbramiento

Por Flor García Rufino

—Mami, ¿cuándo vas a tener otro bebé? –preguntó la niñita de cinco años desde el asiento trasero del carro.

—No mi amor, ya no voy a tener más hijos. –respondió la madre mirándola brevemente por el espejo retrovisor.

—¿Por qué no?, yo quiero tener un hermanito bebé.

—Pues es que ya tuve los hijos que quería tener.

—Pero, ¿qué no dijiste que te gustan mucho los bebés?

—Claro que me gustan, por eso tuve tres hijos.

—Pero entonces puedes tener otro, yo lo puedo cuidar también. –insistió la niña suavizando la voz.

—No, ya no puedo, ya tuve los hijos que decidí tener, y ya no me puedo embarazar.

—Pues, ¿qué se necesita para embarazarse? –cuestionó la pequeña frunciendo el ceño.

—¡Ay niña!, pues se requieren varias cosas…–contestó la madre incómoda.

—Pues dime, ¿cuáles cosas se necesitan?

La mujer hizo un gesto de impaciencia y trató de zafarse del tema.

—Ahorita en la casa te enseño en un libro que tengo, para explicarte bien.

—¡No, dime ya!, ¿qué necesitas para embarazarte? –presionó la chiquilla inclinándose en el asiento para acercarse más a su mamá.

—¡Qué muchachita tan desesperada! –exclamó la mujer mientras movía la cabeza de un lado a otro y daba vuelta al volante para pasar una curva.  Respiró profundo y se resignó a intentar saciar la curiosidad de su hija–. Pues mira, se necesita un papá y una mamá; cada uno tiene en su cuerpo algo muy pequeñito que cuando se juntan, se empieza a formar poco a poco un bebé.

—¿O sea que tienen que estar juntos el papá y la mamá?, ¡Ah bueno, entonces sí pueden embarazarse!  –dijo la niña satisfecha, regresando a una posición cómoda en su asiento–.  ¿Podríamos tener al bebé para mi cumpleaños?, quiero llevarlo a mi fiesta y que lo vean mis amigos.

—Nooo, un bebé tarda nueve meses en formarse, para tu cumpleaños faltan cuatro; pero, además ya te dije que yo no puedo embarazarme otra vez, porque cuando ya tienes los hijos que quieres, el médico te hace una operación para que no te vuelvas a embarazar.

—¡Pues que te la quiten, la operación! –exclamó la pequeña levantando la voz.

—No está tan fácil.

—¡Qué tiene! ¡Qué te la quiten! –concluyó la niña de manera rotunda.

DOS DÍAS DESPUÉS

—Si dices que se necesita una mamá y un papá, ¿cómo le hizo Julia para tener a su hija?, dijiste que ella no tiene esposo –volvió la chiquilla a la carga con el tema.

—Es que dije que se necesita un papá y una mamá, no un esposo y una esposa.  Nada tiene que ver estar casado con tener hijos.

—Pero entonces ¿no necesitan vivir juntos?

—No.

—…

SIGUIENTE DÍA

—Mami, ¿duele mucho tener un hijo? –se escuchó nuevamente la voz de la niñita desde el asiento trasero del coche.

—Sí, sí duele.

—Pero ¿mucho?

—Pues sí, duele mucho, pero sólo durante el parto, en cuanto el bebé sale, se calma el dolor como si fuera magia.

—Pero ¿cómo es el dolor?, ya sé que mucho, pero ¿cómo duele?

—Pues imagínate, se le tiene que abrir a la mamá el cuerpo hasta que quepa el bebé y pueda salir.

—¡Ayyy! –exclamó la pequeña tapándose instintivamente con las manos el rostro–.  ¿Y sale por el pipí verdad? –agregó mientras se descubría la carita asustada.

—Sale por otro agujerito que está junto al del pipí, se llama vagina –precisó la mamá un poco divertida de observar las reacciones de la niña.

—¡Qué doloroso!

—Ya te dije que sí duele mucho, pero es sólo un rato, y cuando el bebé sale, el dolor tan fuerte se quita, y cuando ves a tu bebé, no te importa que te haya dolido, de lo bonito que se siente ver y tocar a tu hijo.

TRES DÍAS DESPUÉS

—Mami, ¿te digo una cosa?

—Dime.

—Ya vi en el libro cómo nacen los bebés y todo lo que me dijiste, y aunque duela mucho mucho, yo si voy a tener una hija, porque al cabo el dolor se quita ¿verdad?

—Sí, se quita.  Pero sólo puedes tener hijos cuando eres grande, cuando el cuerpo creció y se desarrolló, cuando ya eres una mujer.  

—¡Ya sé que cuando sea grande!  ¿Cómo cuánto dura el dolor, cómo un minuto?

—No, dura más tiempo, a veces todo el día, pero empieza de poco y luego va aumentando hasta que ya es el nacimiento.

—Y luego ya se quita, ¿verdad?

—Sí.  Duele todavía poquito unos días, pero poquito, mientras se vuelve a acomodar en el cuerpo todo lo que se movió y estiró para que el bebé naciera.

—¡Entonces sí, voy a tener a mi hija cuando crezca! –expresó la niñita muy convencida, aunque unos segundos después su carita se puso seria y preguntó precavida– ¿Pero dijiste que no me tengo que casar verdad?

—No, si no quieres no.

—Es que todas mis amigas me dicen que sí me tengo que casar y yo no quiero…y no quiero hacer una boda, ¡no quiero! –dijo levantando la voz y con un gesto de decisión en el rostro.

—No tienes que hacer nada de eso, ya te dije, ni siquiera vivir con el papá.

—Bueno, tú diles eso a las niñas cuando me molesten con lo de la boda.

—Sí yo les digo –la tranquilizó la madre mientras sonreía divertida.

La pequeña, complacida y con una mirada soñadora, puso punto final a la conversación:

—¡Quiero que sea una hija, porque quiero que sea igual a mí!

Flor García Rufino

(10 de marzo de 1975), es originaria de Chihuahua, México.  Estudió la licenciatura en Ciencias de la Información de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua.  Es coautora de la biografía Nellie Campobello. Mujer de manos rojas. 

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