Mujer Árbol

Por Berenice Delgado Benitez

Aquel nogal está escurriendo, igualito que yo.

La madrugada que Rocío nació, había una luna grande; mi hermana empezó a pegar de alaridos como desde las dos de la mañana, pelaba unos ojos de terror como si el mismo diablo estuviera frente a ella, le di un pañuelo para que mordiera. no estaban mis padres, se habían ido a reconocer el cuerpo del esposo de mi hermana, nos habían avisado que dizque un camión lo había atropellado; a cada rato andaba cayéndose de borracho a la orilla de la carretera.

 De tanto querer pensar y no tener cabeza para hacerlo, le dije:

—Vamos a la lomita que te gusta, a que te sientes junto al nogal.— No me contestó, pero se puso de pie, nos fuimos caminando despacito, entre paso y paso pegaba unos gritos que espantaron a los coyotes. Nos tumbamos en la loma, le recordé cómo respirar, con el rebozo intenté acomodarle el chiquillo para que saliera bien.

—Mira, la luna hoy parece la cara de un gato montés, te está sonriendo— Le besé la frente salada, apreté sus manos embarradas de resina de nogal y de aquel surco misterioso se asomó una cabecita, después un cuerpo frágil y una cascada color grana cochinilla pintó el cerro.

—No me gusta ir al pueblo porque mi mamá me jala las greñas cuando me peina, si me muevo me pega recio con el cepillo, me gusta más estar con mi tía Laura porque le doy de comer a las vaquitas. La mía es una que se llama la Coneja, creció bien rápido, tampoco tiene papá, como yo. Al mío lo atropellaron hace mucho, yo ni lo conocí, pero mi prima Martita dice que estaba bien feo, que parecía un chango, entonces yo le dije que su lunar en la cara parece una cucaracha y las dos lloramos. Ella por su cucaracha y yo por mi papá.

—Josefa, a Rocío ya le están creciendo las chichis, no tarda en empezar a sangrar y luego luego la van a oler los hombres pa´ querérsela robar, ya sabes que son como perros que nomás  andan cazando  y luego ella sin padre, menos respeto le van a tener. pues sí, tiene a su abuelo, pero ya casi ni caminar puede, no impone respeto como antes, ya es momento de irle advirtiendo de los peligros del mundo, ¿no crees?

—Mi tía Laura me regaló este bule desde que tengo cinco años, para que me enseñara a nadar, todavía me lo traigo para jugar cuando me baño. Hoy llegó Martita, le dije que si jugábamos a las sirenas, las dos traíamos fondo.

—A que no te lo quitas.

—Tienes chichis de gata.

—Las tuyas parecen limones prietos.

Duramos un rato riéndonos hasta que nos dolió la panza, en eso escuchamos un chiflido y una lucecita me encandiló  los ojos, en el cerro de enfrente había tres muchachos que nos estaban viendo. Uno de ellos traía un espejo en la mano, nos saludaban, yo me asusté y rápido que me subo el fondo, Martita en cambio les contestó el saludo.

—Pinche loca, llegando le voy a decir a mi mamá y a mi tía, córrele vámonos, esos viejos son el chupacabras.

 —No seas tan pinche mustia Chío, ¿apoco no se te antoja el beso de chupacabras?

 —Ya cállate.

 —¿Oye sí cierto que te puedes embarazar con un beso?

Cuando llegamos a la casa, yo casi ni quise cenar, sabe qué tanto andaba pensando.

La mañana que salí a darle de comer a la Coneja, estaba un ensombrerado detrás de la cerca, con un dedo en los labios me hizo la seña de que me callara, era de los mismos que nos habían visto de lejos cuando yo y Marta nos encueramos, del susto se me soltó el mandil con todo y alfalfa. —¿Qué quieres?—Me estiró la mano y me entregó una carta que más tarde leí en la lomita carmesí. Decía que desde hacía dos semanas él andaba sin ojos, que se habían quedado prendiditos de mí y que si yo quería ser su novia.

Nos besamos la siguiente vez que nos vimos, después del primer beso largo se me entumió el cuerpo. La lomita es mi lugar favorito para pensar en las cosas que no se deben pensar, también para llorar.ice mi mamá que yo acá nací y que por eso la tierra de este cerrito es roja. El árbol que está aquí tiene un huequito del que escurre resina transparente con destellos dorados. Cuando extraño mucho a Juan me pongo detrás del árbol, abro las piernas, yo también tengo un hueco, que froto con dos dedos y pienso en los besos, luego se me escurre una resina que me llega hasta los muslos, cierro los ojos y al final, me retuerzo como los renacuajos que hay en el río.

—Anda muy rara, vigílala más de cerquita, no vaya a ser el diablo, pero esas caderas tan gordas no creas que nomás son de comer frijoles.

Hace tres días que no viene Juan, ya casi ni me acuerdo de qué color tiene los ojos, me acuesto con su nombre en la boca y amanezco añorando algo, que ya ni recuerdo que es, me prometió que nos íbamos a casar el mes que viene.

—¿Cómo ves?, que la familia Sánchez está de luto, pues que les atropellaron al hijo mayor, que tenían un muchachito de veinte años, estaba re guapillo, güerito y alto, pobres padres, vamos ofreciendo un rosario por ellos Josefa.

De esa plática que escuché de lejos quise creer la mitad, porque si de las verdades uno se cree la mitad, me quedaba esperanza en la duda. Marta llegó abrazándome y llorando, ya no me quedó nada.

—Cuando murieron los padres de la tía Laura, Chío se hizo cargo de ella, eran buenas compañeras, a veces hasta cantaban a dúo como las jilguerillas […]No te  pasees por mi casa, ni creas que soy tu queri-da, yo no hago ronda con ga-chos por que me amar-gan la vi-da[…], los ranchos aledaños se quedaban pelones y no les quedó de otra más que acercarse al pueblo para vender algo que les diera de comer, “cajeta y zarzamoras”,  Rocío salía a venderlas, pobrecita, trabajaba mucho; luego le dio por salirse en las noches que dizque de mesera, la gente empezó a hablar que andaba en malos pasos en ese lugar de mala muerte, “La copa”, además de esas mañas, también le dio por las drogas.

—Hace mucho que no me paseo en el campo, ni ganas de mirar a los árboles, ni ganas de cerrar los ojos cuando beso. Es más, en este trabajo una nomás se tumba en la cama, se baja los calzones y ni besos das, que envidia me dan los árboles, se la pasan chorreando y a mí el deseo se me acabó con la partida de Juan.

Mi comadre me trajo hoy el periódico porque Rocío no ha llegado desde hace cuatro días; leo en la primera plana: “Mujer atropellada en la carretera es estudiada por científicos debido a su extraña condición, no sangra, de ella sólo brota resina.”

 Berenice Delgado Benitez

Originaria de  Autlán de Navarro Jalisco nació un  11 de Febrero de 1992, actualmente vive en Guadalajara, pero su corazón es de la región Caxcana, Zacatecas, por  que buena parte de su  infancia la vivió allá.  

Estudió la Licenciatura en Educación Preescolar; escribe desde niña porque admira la belleza que existe en las simples cosas, esas que sólo toman forma evaporándose entre las letras.

 En el 2017 ingresó a SOGEM (Sociedad General de Escritores Mexicanos), ahí  cursó talleres donde experimentó diferentes técnicas y estilos narrativos ,se tomaron  varios de sus cuentos y mini ficciones para   CALEIDOSCOPIO   ediciones: 2017 y 2019. Le han publicado cuentos en periódicos como: La Crónica de Hoy Jalisco y en NVI Noticias de Oaxaca, así como ha participado en la antología digital: “Páginas libres” de Potosí Bolivia, edición abril 2020. Ganó el concurso internacional “Montañas en 100 palabras”  2020 que busca transmitir el amor a hacer cumbre por medio de las letras

En Octubre del 2020 publicó su primer libro “Toda la vida que nos falta”, con la editorial Proyección Literaria; un libro de cuentos que cocinó a fuego lento durante más de tres años, con el que busca darle voz a todas las mujeres que se atreven a vivir bajo sus propias leyes.

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